Labios en reposo
Uso
Haz un puchero y luego suéltalo.
Frente al espejo, mueve tus labios hacia adelante como si fueras a dar un beso. Luego suelta la boca: deja que los labios retrocedan hasta tocarse, sin presionarlos. No los meta hacia los dientes. Este movimiento te ayuda a pasar de una boca fruncida a unos labios visibles en reposo.
Comprueba tres cosas
Ambos labios permanecen visibles, se tocan sin aplastarse y la mandíbula no está apretada. La boca vuelve a su anchura habitual: ya no besas. Deja también el mentón y las comisuras de la boca en reposo, sin intentar subirlas ni tirarlas hacia abajo.
Encuentra esta posición durante el día.
Cuando notes que estás frunciendo o hundiendo los labios, vuelve a hacer puchero y luego suéltalo. Con la práctica podrás eliminar la compresión directamente sin repetir el movimiento. Utilice un momento familiar como recordatorio, por ejemplo sentándose en el escritorio, luego reanude su actividad: la boca continúa moviéndose normalmente para hablar y sonreír.
Fuentes
Acerca de este contenido
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